Autor: El Mercurio
Criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) tomarían fuerza.
Alfredo Enrione, experto en gobierno corporativo, cree que hoy se está separando lo “cosmético” de lo estratégico.
Desde el inicio de su segundo mandato, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha empujado políticas contrarias a los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza): desde el desmantelamiento de los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) hasta el revertir programas para la adopción de energías limpias. Sin embargo, estas medidas podrían terminar beneficiando a la sostenibilidad empresarial y la adopción de criterios ASG.
“Este ataque, que es un aparente retroceso, termina por identificar a las empresas que tienen una convicción, las va a permitir reforzar su identidad y construir reputación”, dice Alfredo Enrione, director del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad del ESE Business School de la Universidad de los Andes.
En ese sentido, las políticas de Trump ayudarán a diferenciar la sostenibilidad “cosmética” de una verdaderamente estratégica”, cree Enrione. “Aquellas que se adhieren por moda o presión social a criterios como ASG y DEI sin convicción, están creando una burbuja de iniciativas de dudoso valor real”.
Además, resalta que solo Estados Unidos ha retrocedido en la apuesta por la sostenibilidad. “Cuando tú miras la realidad de otras plazas, que son importantes en nuestras relaciones comerciales, en el caso de Europa, de Asia, ellos no han dado vuelta atrás. De hecho, siguen avanzando con fuerza”, afirma.
Debido a que la atención de los inversionistas se ha centrado en lo global, el retroceso en la aplicación de criterios ASG “significaría no solo quedar atrás en mercados y financiamiento internacional, sino desaprovechar una ventaja estratégica única para capturar valor que otros están dejando sobre la mesa”.
Largo plazo
“Es muy importante que las medidas e iniciativas estén realmente ligadas con el negocio, más allá de las modas. Porque va a servir mejor a los clientes, porque nos van a preferir y vamos a tener un mejor prestigio o marcar un mejor precio, porque podré reducir mis riesgos. Políticamente esto está muy cuestionado, y ahí aparece bien qué es lo cosmético y qué es lo estratégico”, afirma.
Enrione señala que efectivamente se está en una fase de transición, en que la sustentabilidad y oportunidad de negocios están comenzando a alinearse.
“Hubo un desbordamiento de las políticas ASG. Muchas empresas se subieron por presión social, por presión de modas, sin una convicción estratégica, sin una estrategia clara detrás, creando una burbuja de iniciativas de dudoso valor real”.
Momento crucial
Esta temática se aborda en el libro recientemente publicado “Directores en Acción”, que fue editado por Enrione y el director del área de finanzas y economía del ESE, Felipe Aldunate. “El punto más importante en ‘Directores en Acción’ revela cómo prosperan empresas con una sostenibilidad estratégica y no teórica en el marco de una exigencia competitiva”, comenta el académico. “La incertidumbre actual a nivel global del rumbo de los cambios políticos, derivados de decisiones como las de Trump, es lo que está permitiendo que aflore el compromiso estratégico con ASG”, dice.
“La paradoja que enfrentan hoy directores y altos ejecutivos, precisamente cuando el retroceso normativo de reguladores como Trump se instala, es que las empresas que persistan en su compromiso con la sostenibilidad de largo plazo probablemente tendrán una ventaja competitiva en las próximas décadas”, concluye.
Según Enrione, el verdadero riesgo es no invertir en sostenibilidad, sino creer que es una moda, y asumir, como algunos han hecho, que “no influirá más adelante”, cuando todos los indicadores estructurales sugieren que ocurrirá”.