Autor: Alfredo Enrione – Director del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad
La escena es absurda pero real: El Ministerio de Medio Ambiente, como regulador, acaba de imponer una multa millonaria a una empresa eléctrica estatal. El Ministerio de Hacienda, como dueño, protesta por el impacto en los dividendos. Y el Ministerio del Interior, como cliente mayor, se queja por las tarifas.
Bienvenidos al triángulo donde desaparece la lógica empresarial.
La paradoja del Estado múltiple
El Estado moderno sufre de personalidades múltiples:
- Regula como supervisor
- Exige como dueño
- Demanda como cliente
- Y a veces hasta compite como empresario
El resultado es una empresa navegando entre mandatos contradictorios, donde cada decisión molesta inevitablemente a alguna parte del mismo Estado.
El costo de la esquizofrenia
Esta multiplicidad de roles tiene consecuencias reales:
- Decisiones paralizadas por señales contradictorias
- Regulación sesgada por intereses de propiedad
- Contratos públicos bajo sospecha permanente
- Gestión imposible por objetivos incompatibles
La trampa de la autorregulación
Cuando el Estado se regula a sí mismo:
- Los conflictos de interés son inevitables
- La supervisión pierde credibilidad
- La transparencia se vuelve opaca
- La rendición de cuentas se diluye
Hacia un nuevo modelo
La solución no es simple, pero exige:
Separación real de roles
- Murallas chinas entre funciones estatales
- Autonomía efectiva para cada rol
- Mecanismos claros de resolución de conflictos
Transparencia radical
- Explicitar los conflictos de interés
- Reportar interacciones entre roles
- Justificar decisiones públicamente
Contrapesos efectivos
- Supervisión externa independiente
- Directorios realmente autónomos
- Accountability hacia todos los stakeholders
Para reflexionar honestamente:
- ¿Cómo manejamos los conflictos entre roles del Estado?
- ¿Nuestra autonomía es real o solo aparente?
- ¿La transparencia actual es suficiente?
- ¿Quién supervisa realmente al supervisor?